Juan Vicente Gómez Moya, la promoción.


La pasada semana asistí a la imposición de la Gran Cruz del Mérito Agrario a Juan Vicente Gómez Moya, durante más de veinte años  director de ASOLIVA (Asociación Española de la Industria y El Comercio Exportador de Aceite de Oliva), puesto  desde el cual contribuyó, de forma trascendental, a la promoción internacional de los aceites de oliva de España.

A su impulso se debió la creación, en los primeros años noventa, con el decisivo apoyo de ICEX, del “Fondo de Promoción  del Aceite de Oliva Español”, en cuyas actividades participé muy estrechamente desde un principio.

Desde el punto de vista cuantitativo las inversiones en promoción realizada desde el Fondo fueron modestas, y desde luego inferiores a las que, en mi opinión, requería el gran desconocimiento que de los aceites españoles existía en los principales mercados, en ese tiempo.

Sin embargo, se puede decir, sin exagerar un ápice,  que la  estrategia de comunicación diseñada entonces y continuada sistemáticamente durante años, ha trasformado radicalmente la percepción y el conocimiento de nuestros  aceites tanto fuera como dentro de España.

Tres fueron lo ejes fundamentales de dicha estrategia, primero una decidida apuesta por comunicar nuestros  virgen extra, la máxima calida, que ya entonces se perfilaba como el tipo de aceite de oliva con más potencia de crecimiento. El segundo eje fue el hecho de difundirlos  a través de nuestras principales variedades autóctonas, fue entonces cuando por primera vez se dieron a conocer  nuestros arbequinos, cornicabras, picuales, hojiblancas, empeltres….Lógicamente, el tercer elemento fue la incorporación de la cata de aceites vírgenes como una herramienta fundamental de la promoción.

Todo ello aportó personalidad propia y diferenciada a la, hasta entonces, débil e imprecisa  imagen de los aceites españoles.  En poco el tiempo, nuestros exportadores comenzaron a recibir peticiones de aceites varietales, aceites que, hasta entonces, no formaban parte de la oferta de la inmensa mayoría de ellos.

Gran urdidor y diseñador de todo el discurso fue Jerónimo Díaz Rivas, químico e investigador, gran maestro y amigo, y  a la sazón asesor técnico de Asoliva, quien supo trasmitirnos su pasión, su conocimientos y su buen instinto para la comunicación.

Bajo su dirección se llevaron a cabo los primeros seminarios y catas de aceites españoles en mercados tan importantes como Japón, Australia y Taiwán. En estas actividades tuve el honor de sustituirle tiempo después, cuando sus compromisos profesionales, y también su fobia a volar, le forzaron a abandonar las actividades de promoción.

A la hora de evocar aquel punto de inflexión en la promoción, es obligado  mencionar el gran papel  del departamento de productos transformados de ICEX dirigido entonces por Marta Angulo.

Hace unos meses, en la comida homenaje ofrecida por ASOLIVA a Juan Vicente, con motivo de su jubilación, las mesas estaban identificadas con los nombre de las variedades de aceituna más importantes. Un guiño de reconocimiento a una gran labor que ha dejado huella en la aún breve historia de la promoción de los aceites españoles en el mundo.

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